EL DIVÁN DEL PUMA
ENTRE
EL PODER FUGAZ Y LA MEMORIA CORTA: LA TREGUA DEL ELECTORADO
Entendiendo
que ser autoridad en cualquier espacio de poder por voto popular representa, en
esencia, la delegación temporal de la soberanía y la confianza que los
ciudadanos depositan en una persona para que administre el bien común. Este
mandato no es un cheque en blanco ni un privilegio personal, sino que se
fundamenta en pilares éticos y democráticos.
Es
por eso que cuando escuchamos frases como: ESTÁ PISANDO HUEVOS, SE LE
SUBIÓ LA SOBERBIA A LA CABEZA, o era de esperar es lo que siempre ocurre
tras cada proceso electoral: una vez alcanzado el objetivo por parte de quienes
en su momento fungieron de candidatos y se desvivían en besos, abrazos y
promesas, ahora, logrado el propósito, "si te vi, no me acuerdo".
Las
respuestas saltan a la vista. Empezando por CAMBIAR LOS NÚMEROS DE SUS
TELÉFONOS MÓVILES, la labor de sus allegados o secretarios se limita a
decirte que NO TIENEN TIEMPO, QUE ESTÁN EN REUNIÓN CON SU BANCADA, CON SU
COMISIÓN DE TRABAJO O CON EL PRESIDENTE, etc., etc., etc. Lo cierto es que
esto lo dijimos hasta el cansancio durante las campañas y en pleno proceso de
las mismas.
Nos
preguntamos: ¿es una reacción humana normal? ¿suele ocurrir esto con
aquellas personas que no están preparadas para dar esos saltos cualitativos,
que piensan que son seres de otro planeta, predestinados a ser perfectos e
intocables? siempre he calificado dicha reacción como propia de quienes
nunca en su vida tuvieron una pequeñísima cuota de poder. Convencidos están, en
su obtusa y lineal forma de pensar, de que 4 o 5 años se convierten
automáticamente en 40 o 50, cuando la realidad demuestra que, así como entran,
en lo que canta un gallo salen por la puerta falsa. Lo único que
alcanzarán a mejorar será su estatus económico, cambiando las camisetas,
pantalones y zapatos de mercado por prendas de marca. Reiteramos: su estatus cambiará.
Es
por eso que la decepción no tarda en llegar, acompañada de las consabidas
lamentaciones de los votantes al saber que una vez más se equivocaron. EL
ROMANCE ENTRE LOS ELEGIDOS Y SUS ELECTORES SE ROMPE FÁCILMENTE. Muchos
dirán, y con todo derecho, que exageramos en nuestras apreciaciones, pero es el
común denominador que suele darse tras todo proceso electoral. No se pide que
los elegidos —sean diputados o senador por la región— estén pendientes
de todo o se dediquen exclusivamente a San Martín, sabiendo que su
responsabilidad pasa a ser de alcance nacional, pero ¡por lo menos disimulen un
poco!
Ese ha sido el sentir común en los últimos días: quejas y más quejas
contra aquellos que se vieron favorecidos con el voto popular. Incluso están
aquellos que ni señales de vida dan, y pareciera que no sabemos para qué
diablos fueron elegidos: ¿para
defender los intereses de la región o los suyos propios? aquí no se trata de
señalar o individualizar de quién o quiénes hablamos, sino de decirles: al
que le caiga el guante, que se lo chante. No jueguen con la paciencia de la
gente; los problemas sobran y, desde su posición y responsabilidad, están
llamados a poner todos sus esfuerzos en buscar soluciones.
Para
ir terminando esta entrega de miércoles, vamos a darles el beneficio de la duda
y asumir que todo lo argumentado se deba a que estamos equivocados en nuestra
percepción. Les damos la tregua, aunque no sabemos por cuánto tiempo, mientras
sigue creciendo el nivel de desaprobación de quienes elegimos como nuestros
representantes nacionales, nada más punto final para esta entrega y regresamos
con ustedes con nuevos apuntes cotidianos. (Puma)

